sábado, 26 de mayo de 2012

Algo así como... un primer amor


Quizá esta historia sea un poco larga, pero quiero retratar lo mejor posible mi viaje de descubrimiento hacia uno de los tesoros de mi adolescencia, cuya influencia dura hasta el día de hoy, y se extenderá cada vez que escriba en mi blog. En este o en cualquier otro que pueda crear.

***

Año 2000. Era yo una niña baja, más bien rellena. Ya tenía pechugas pero la gordura lograba que no se notaran. Era cejona, usaba el pelo largo y los bigotes oscurecían el espacio de piel entre la nariz y el labio superior.

En el verano de 2001 había pasado a séptimo y me pegué un “estirón”. Comencé a creerme grande y ya no me agradaba mi aspecto de niña. Como crecí, también adelgacé. No me depilé los bigotes, pero sí las cejas y me corté el pelo. Corto-corto. Como hombre. Nunca he sido muy femenina que digamos, aunque mis fotos hagan pensar lo contrario.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Segundo aniversario

A veces me parece que fue hace tanto tiempo, y en ocasiones siento que fue prácticamente ayer:

Hoy se cumplen dos años del suicidio de mi primo. Podría decir “de la muerte”. Pero la palabra suicidio le da un acento especial a dejar de existir. Un suicidio es distinto, porque no hay un dios que decide ni un reloj que deja de correr. No es un cerebro o un corazón que dejan de funcionar porque el cuerpo así lo estima. Es uno el que decide y ya. Más encima es el único pariente cercano que se ha suicidado (ha habido otros suicidas en la familia, pero siempre parientes lejanos). 

Hace un año, con motivo de su primer aniversario, dije que desde su muerte había pensado más en él que antes. Se ha sumado un año más y me sigue sucediendo lo mismo. No sé por qué lo trágico de su muerte lo tiene siempre presente en mí. Siempre.

sábado, 19 de mayo de 2012

Hermano Peludo

El gatito llegó dentro de una caja, no sabía a dónde lo habían llevado, pero pronto se sintió colmado de amor. Creció y se convirtió en el rey de la casa y muy pronto se posicionó también como el dueño de los patios, tanto así que otros gatos al pasar frente a su casa lo hacían rapidito con tal de que no los fuera a descubrir.

Así pasaba el gatito sus días, dentro de casa recibiendo amor y comida a la orden, y en el patio, echado a la sombra, observando lo amplio de sus dominios. Era un gato feliz.


viernes, 18 de mayo de 2012

Crisis!

Vivo nuevamente una situación de crisis. Con anterioridad había comentado que estaba trabajando. Hoy vuelvo a estar desempleada porque caducó mi mandato comercial de 30 días. Si bien ese trabajo no tenía nada que ver con lo que estudié, me sirvió para conocer gente super interesante. Y mejor aún: estando en el instituto, aunque estuviera conversando al sol con mis compañeros, me sentía útil y eso me hacía, en parte, feliz.

Hoy vuelvo a estar triste. Sé que hay gente que está peor que yo y sigue poniéndole el hombro para salir adelante. Pero este es MI sufrimiento, pequeño quizás para algunos, grande para mí.


miércoles, 16 de mayo de 2012

Salvando mi celular

El martes me fui a pasear al Parque Japonés de La Serena. Andaba re-feliz sacando fotos. Tenía el teléfono en el bolsillo, me agaché a tomar una fotografía. Me puse de pie y se desató la tragedia: El teléfono se había resbalado por el bolsillo cuando me agaché, y al incorporarme, cayó a un puentecito de madera. Con el golpe se abrió en tres partes, que rebotaron a distintos destinos: la tapa y la batería a la tierra y el resto del celular, al agua.

Sentí como si se me paraba el corazón de la impresión en ese minuto. Mi teléfono es súper feo, un Nokia chico con botones que saca fotos en tamaño VGA y no se conecta a wifi. Un dinosaurio. Pero es MIO. Lo he cuidado harto del agua (los golpes son inevitables, pero eso es lo que me gusta de los teléfonos arcaicos, no necesitan delicadeza), y me dolió que se cayera así.

En un rápido movimiento lo saqué del agua. Afortunadamente no se sumergió entero ya que no era profundo el sitio donde cayó. No quise armarlo de inmediato, sólo lo eché a mi bolsillo. Caminé hasta un lugar donde llegara fuerte el sol y lo sequé con todo el amor del mundo. Lo encendí y funcionó bien, al principio. Luego, la pantalla se empañó y el teléfono se descontroló. Lo apagué.